Carmela va en el asiento de atrás a la fiesta de la hija del doctor Osorno. Trae puesto el vestido que odia, los zapatos que odia, el peinado que odia y la bolsa de peluche con cara de perrito y orejas de fieltro colgantes que ama. Adentro no hay más que un clínex, un pasador de plástico azul y un dulce de chile que nunca se comerá porque no le gustan los de chile, pero que tampoco tirará porque es un dulce y los dulces son sagrados. De modo intermitente oye a su madre. De acuerdo a la más pura e inalterable costumbre maneja advirtiéndole, amenazándola. Todavía faltan unos dieciocho años para que la Asamblea General de las Naciones Unidas apruebe los Derechos de los Niños, y unos siete más para que logren barnizar los recónditos rincones de las familias mexicanas, de modo que Carmela, como muchos en su gremio, es una pequeña esclava.
Mientras la conductora termina de dictar su Carta Magna con subrayados y apuntamientos, Carmela se distrae. Se sabe bien la letanía. Sólo necesita orejear de vez en vez por si le hacen examen después del dictado. Elige las casas que le gustan y conoce el interior. Lo conoce, no lo adivina ni lo intuye. Lo conoce con certeza y precisión porque manda a Chedwik de supervisor. Chedwik entra a hacer una rápida inspección de las dos plantas de la casa (Carmela menosprecia las casas de una planta por muy grandes que prometan ser) y da el reporte antes de que el coche doble en la esquina: en la siguiente cuadra habrá otras casas por inspeccionar. Los reportes de Chedwik son puntuales y certeros. Dicen sólo los detalles que a ella le interesan: materiales de construcción, altura de los cielos, anchura de los escalones, características de los canceles, y mobiliario. Las inspecciones antes de llegar a la casa del doctor Osorno deben ser entretenidas e imparables, de lo contrario las partes de la Carta Magna que logran llegar a sus oídos le oscurecen los ánimos metiéndola a un carrusel: la falta de certeza la vuelve grosera, al volverse grosera dice palabrotas, al decir palabrotas demuestra sin ápice de dudas los principales artículos de la Carta, al demostrar los artículos le dicen: “¿Ya ves? ¡Eres una grosera! ¿Ya ves como siempre tengo la razón?”, al decirle eso de la razón se enoja y le pega a su hermano o algo, al haber agredido se siente insegura y así hasta el infinito. Confirma su etiqueta de mala persona al menos una vez al día en temporada baja.
A veces la conductora es más persistente y habilidosa que Chedwik, y Carmela le pone atención sin querer. Gana en volumen pues usa el oxigeno para respirar como medio para que se propaguen las vibraciones sonoras que emanan su boca, mientras que Chedwik apenas le habla en tono inaudible desde la región anterior de la circunvolución del cíngulo, en la corteza orbitofrontal de su cerebro, por lo que la conductora lo supera en 1) persistencia, 2) modulación y 3) recursos verbales. Cuando así pasa Chedwik se disuelve en el éter y Carmela se siente culpable el resto del día por haberlo dejado ir sin despedirse.
Así es como Carmela se apea a tocar el timbre: sin ánimos onomásticos. Con una bolsa de peluche con cara de conejito y orejas de fieltro rosa envuelta para regalo en Rodoreda en la mano derecha, y una bolsa de peluche café con cara de perrito y asas de manguera transparente en la mano izquierda. Los brazos caídos. Hay un perrazo en la azotea. Con pesadas patas le avisa a Carmela su inminente surgimiento en la orilla más alta de la casa. Un nuevo temor hace revoltijo en el interior de esta niña, aumentando rapidez a su pulso. Los ladridos consabidos y potentes comienzan. El griterío infantil de divertimento se cuela hasta el portón. La mujer al volante le grita en la ventanilla las últimas exigencias de su Carta Magna y el vapor rojo hirviendo sube desde las plantas hasta el último cabello en la coronilla de Carmela quien grita a voz en cuello-la oyen hasta la esquina-la mirada en las alturas: “¡Cállate, cállate pinche perro pendejo!” justo cuando la delicada esposa del doctor Osorno le flanquea con sonrisa congelada el acceso a su respetable y distinguida residencia.
Publicado en La curul No. 7
La Curul es una publicación trimestral del H. Congreso del Estado de Puebla
http://www.congresopuebla.gob.mx/curul/

0 comentarios:
Publicar un comentario