lunes, 21 de febrero de 2011

Me volvió el rostro a la cara

Unknown

El viernes en la noche platiqué en el estudio de la casa con mi hijo Emiliano. Es lo que hacemos cada quince días cuando viene a quedarse el fin de semana con mi marido y conmigo. Nos ponemos al corriente. Le conté de mis nuevos planes: desistí de la opción de ingresar al doctorado en la UNAM porque me enteré que son primordialmente positivistas y buscaré hacerlo en el CINVESTAV donde sí hay fenomenológicos. De hecho, el 50% (contado a lo baril) de sus líneas de investigación son cualitativas. El caso es que cuando hube hecho uso de la palabra, Emiliano rodeó mi escritorio, se arrodilló frente a mí (para quedar a la altura de mi sillón) y me abrazó. Nos abrazamos.

- Te quiero mucho mami. Cuídate. Me refiero a que te cuides de salud porque quiero que te sigas viendo así de bonita.
- ¿Antes no me veía bonita?
- No.
- ¿Y desde cuándo no me veo bonita?
- No sé, desde hace mucho. Tal vez desde que cerraron el Arca.

El Arca es el bachillerato que mi marido y yo cerramos hace casi dos años. Era nuestro proyecto en común. Cuando nos casamos teníamos la idea de hacerlo. Nunca lo verbalizamos, pero como él y yo no tendríamos hijos, el Arca era nuestro hijo. Y lo cerramos. Al principio yo no lo noté. No me dí cuenta de que estaba sufriendo un duelo, pero de forma oculta para mí misma me sentí abandonada por mi marido pues por primera vez desde que nos conocimos dejamos de trabajar juntos. Él comenzó a dar clases en muchas instituciones y yo me quedé en la casa escribiendo mi novela y estudiando una licenciatura en un sistema semiescolarizado de porquería. Nunca sentí sufrimiento por haber cerrado el colegio pues dejé de tronarme los dedos cada quince días para cubrir la nómina, los pagos del Seguro Social (que matan cualquier intento de iniciar adecuadamente una "micro-empresa"), del contador, los servicios, la renta, los asaltos en descampado de la supervisión de la SEP. Así que más bien respiré al cerrar el colegio. Pero en el fondo estaba sufriendo sin saberlo. Y esa pérdida se me fue a la cara y mi hijo la notó. O tal vez no la notó en el momento sino hasta después, cuando mi verdadero rostro regresó a mi cara, él vio el contraste y yo volví a ser una persona con un propósito que le da sentido a mi vida. Estoy diciendo que contar historias, publicar cuentos y ser docente universitaria no es suficiente. Una tiene que ir a por más para sentirse productiva y tener cara bonita.

Unknown / Author & Editor

Has laoreet percipitur ad. Vide interesset in mei, no his legimus verterem. Et nostrum imperdiet appellantur usu, mnesarchum referrentur id vim.

0 comentarios:

Publicar un comentario

Coprights @ 2016. Template Designed By Templateism | Wp Themes